El yoga al atardecer en Waikiki Beach fue genuinamente relajante y curativo: practicar a la hora dorada con el aroma de la hierba en el aire, el sonido de las olas y las aves en el fondo lo convirtió en una experiencia especial. No suelo ser un gran fanático del yoga, pero esto es algo que haría felizmente todos los días. Olivia fue amable y profesional, y ajustó la sesión cuidadosamente en función de nuestra condición, lo que la hizo aún más cómoda y agradable.