Esta experiencia fue mucho más que una clase de cocina: realmente sentí que me abría las puertas de su mundo.
Desde la bebida de yuzu hecha a mano para darnos la bienvenida hasta los ingredientes del sushi, cuidadosamente dispuestos, cada detalle estaba pensado con esmero.
Satomi compartió tanto sobre la cultura japonesa, la filosofía de la comida y la vida cotidiana que me fui no solo con el estómago lleno, sino profundamente inspirada.
Tomé muchas clases de cocina mientras viajaba, pero ninguna me pareció tan personal o memorable.
Si querés experimentar el corazón de la hospitalidad japonesa y la conexión a través de la comida, ¡esta es la clase que tenés que reservar!