Esta fue una experiencia única que habría disfrutado muchísimo, pero se volvió muy incómoda por dos bromas racistas que hizo Neil cuando paramos a comer tapas. Sin que se le pidiera, empezó a hacer chistes contra los inmigrantes, lo que me pareció particularmente absurdo dado que él mismo es un inmigrante que elige no aprender el idioma de su país de acogida. Incluso después de dejar claro que me importan mucho las personas de la etnia a la que menospreciaba, hizo otra broma a su costa. Desafortunadamente, aunque el paseo en bicicleta fue encantador, la incomodidad que sentí durante las partes sociales del recorrido es lo que recuerdo.